Cuando una persona termina su tratamiento contra el cáncer, es habitual pensar que lo más difícil ya quedó atrás. Sin embargo, para algunos pacientes, pueden persistir síntomas que no son visibles y que afectan directamente su vida cotidiana. Entre ellos se encuentra el deterioro cognitivo relacionado con el cáncer, conocido como cancer-related cognitive impairment (CRCI).
El estudio de Duivon et al. (2024) aporta información interesante sobre uno de los posibles mecanismos detrás de este fenómeno: la inflamación.
Los investigadores analizaron a pacientes con cáncer de mama en estadios I-III que formaban parte del estudio francés CANTO-Cog. Se evaluaron diferentes marcadores inflamatorios en sangre en el momento del diagnóstico y posteriormente se estudió el funcionamiento cognitivo dos años después.
Se analizaron diferentes áreas cognitivas, entre ellas:
El objetivo era determinar si determinados niveles de inflamación presentes desde el diagnóstico podían estar relacionados con problemas cognitivos persistentes.
De las 200 pacientes analizadas, 127 habían recibido quimioterapia. Un 27% presentó deterioro cognitivo global tanto al inicio como dos años después.
Uno de los hallazgos más interesantes fue la relación entre los niveles elevados de proteína C reactiva (PCR/CRP) al diagnóstico y el deterioro cognitivo dos años después.
Las pacientes con PCR superior a 3 mg/L tenían aproximadamente 2,8 veces más probabilidades de presentar deterioro cognitivo global a los dos años.
Además, una PCR elevada se relacionó específicamente con alteraciones en la velocidad de procesamiento, mientras que niveles elevados de IL-6 se asociaron con alteraciones de la memoria episódica.
Esto es importante porque la velocidad de procesamiento y la memoria son funciones que utilizamos constantemente: para mantener una conversación, leer, organizar tareas, trabajar, estudiar, recordar información o simplemente desenvolvernos de forma independiente.
No necesariamente.
Este estudio encontró una asociación, no demuestra que la inflamación sea por sí sola la causa del deterioro cognitivo.
El funcionamiento cognitivo después del cáncer probablemente sea el resultado de múltiples factores: el propio cáncer, los tratamientos recibidos, inflamación, fatiga, alteraciones del sueño, estrés, ansiedad, depresión, cambios hormonales y otros factores relacionados con la salud y el contexto de cada persona.
De hecho, el estudio ajustó sus análisis considerando variables como edad, educación y funcionamiento cognitivo basal.
Porque nos recuerda que el seguimiento oncológico no debería centrarse únicamente en detectar una posible recurrencia.
Una persona puede estar libre de enfermedad y, aun así, experimentar dificultades que afectan significativamente su calidad de vida.
“Me cuesta concentrarme”, “olvido cosas que antes recordaba fácilmente”, “necesito más tiempo para hacer una tarea”, “me cuesta encontrar las palabras” o “siento que mi cabeza funciona más lentamente” son experiencias que merecen ser escuchadas y evaluadas.
El estudio de Duivon y colaboradores abre además una posibilidad interesante: que determinados marcadores inflamatorios puedan ayudar en el futuro a identificar a pacientes con mayor riesgo de presentar deterioro cognitivo persistente.
Por ahora, sin embargo, estos resultados deben interpretarse como evidencia de una posible relación entre inflamación y deterioro cognitivo, no como una prueba diagnóstica individual.
Superar el cáncer no significa necesariamente volver inmediatamente a la vida anterior al diagnóstico.
La supervivencia también implica aprender a identificar y tratar las consecuencias físicas, emocionales y cognitivas que pueden permanecer después del tratamiento.
Y cuando una persona nota cambios en su memoria, atención o capacidad para procesar información, no debería simplemente asumir que “es parte del proceso” y resignarse.
Es importante comunicarlo al equipo de salud y valorar si se requiere una evaluación específica y, cuando corresponda, rehabilitación cognitiva.
El estudio de Duivon et al. refuerza precisamente esta idea: las secuelas cognitivas son reales, pueden persistir y debemos prestarles atención.
¿Has notado cambios en tu memoria, concentración o claridad mental después del cáncer?
Estos síntomas pueden tener múltiples causas y merecen ser comprendidos con atención. Conocer lo que ocurre es el primer paso para identificar posibles factores asociados y encontrar el acompañamiento adecuado.
Conoce más sobre cómo cuidar tu bienestar cognitivo después del cáncer y cuándo consultar con un profesional.
Referencia científica
Duivon M, Lequesne J, Di Meglio A, et al. Inflammation at diagnosis and cognitive impairment two years later in breast cancer patients from the Canto-Cog study. Breast Cancer Research. 2024;26:93.